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Te caés, te levantás. Y punto.
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Hoy nos encontramos en Kumamoto, una ciudad en la isla de Kyushu, en el sur de Japón. Vinimos, entre otras cosas, a ver su castillo, considerado uno de los tres más importantes de todo el país, junto al de Himeji y al de Matsumoto. Un lugar que transpira historia por cada piedra. Y que, como todo en Japón, se cayó más de una vez. Y se levantó otras tantas.
La última vez fue en 2016, cuando un terremoto lo sacudió tan fuerte que parecía que esta vez sí, que esta vez no se levantaba más.
Si bien es verdad que los alrededores cuentan otra historia, ya que hay varios destrozos esperando su turno para la reconstrucción y, sobre todo, un cacho de muralla que el terremoto rotó unos 45 grados, como si la tierra la hubiera agarrado y la hubiera abierto como a una puerta.
En teoría, especulan que en unos 30 años volverá a estar todo a cero kilómetros.
Hace 80 años, Japón tenía dos ciudades literalmente borradas del mapa y el resto del país devastado por una guerra que perdieron de la peor manera posible. Pero hoy es uno de los países más desarrollados, más admirados y más eficientes del mundo. ¿Cómo se pasa de eso a esto en tan poco tiempo? ¿Cómo se reconstruye un país desde la nada absoluta?
La respuesta, mirando este castillo, parece simple: te caés, te levantás y seguís. Sin esperar que nadie venga a salvarte. Sufrís un terremoto: te levantás. Sufrís un tifón: te levantás. Te tiran dos bombas atómicas: te levantás. Y después de cada caída, volvés un poco mejor que antes.
Es algo que no se aprende en los libros. Se lleva en el ADN. Y Japón lo lleva.
Hay una lección enorme en todo esto que va mucho más allá de un castillo o de un país. Porque todos nos caemos. Todos tenemos nuestro terremoto personal, nuestra bomba, nuestra muralla torcida a 45 grados. La pregunta no es si te vas a caer. La pregunta es cuánto vas a tardar en levantarte.
Hay veces que la vida te la pega en la pera y no podés hacer nada, pero otras podés estar preparado para lo que sea que venga. Nosotros, por ejemplo, cuando viajamos tratamos de estar siempre cubiertos con un buen seguro médico, porque en un país donde los terremotos son parte del día a día, no podés darte el lujo de ir por ahí sin red. Te dejamos el que usamos nosotros, con un 5% de descuento por venir de nuestra parte aquí.

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