Si eres antisocial, este es tu lugar

(día 4)

Una de las cosas que más nos está sorprendiendo de Tokio es la capacidad de optimizarlo todo al máximo, hasta tal punto que eres tú el que tiene que cocinarse yendo a un restaurante.

Se trata de los Yakiniku: lugares donde te sientas en una barra con tu propio hornillo. Debajo de donde va tu plato hay un cajón con palillos, servilletas y hasta escarbadientes. La comanda la pides tú directamente a cocina mediante la pantalla que tienes delante y la puedes personalizar como quieras. A los pocos minutos te sirven una bandeja con todo crudo para que te lo cocines a tu gusto y a tu ritmo.

A la hora de pagar, te acercas con el código QR que te traen junto a la bandeja y pagas en una máquina que hay a la entrada. Todo rápido, todo rico, todo optimizado, pero sin contacto humano.

Nosotros fuimos cuatro personas a comer, pero como mucho puedes charlar con quien tienes al lado. Las camareras solo te sientan en tu sitio y te sirven la bandeja. Si eres de los que no le gusta el contacto visual ni relacionarse con la gente, este es tu lugar en el mundo.

Pero seamos sinceros… en occidente, cuando vamos a un restaurante, la comida es lo de menos. Nos juntamos para charlar, mirarnos, contarnos la vida. Aquí en Tokio, en cambio, notamos que el día a día es extremadamente solitario para la gente local.

Y lo digo hablando sin saber, llevando solo 4 días en el país. Pero es la sensación que me da. Esto da para otra newsletter entera, o hasta para un libro, te diría. Lo dejamos para otro momento.

Tokio nos está encantando y sorprendiendo a partes iguales. Es una especie de cielo e infierno a la vez. Quizás está siendo todo tan intenso que, cuando nos vayamos a los Alpes japoneses —donde esperamos que todo sea mucho más tranquilo—, intentaremos procesar todo lo que estamos viviendo y decidir si Tokio nos encanta o lo aborrecemos con toda nuestra alma.

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