Si Dios existe, vive acá

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Ayer te dejé con la intriga. Hoy cierro el círculo.

Después de salir un poquito “decepcionados” ayer, hoy probamos el solomillo de Kobe. Y estoy seguro que si existe algún Dios en el mundo, elegiría vivir en esta ciudad. Porque este corte es la mismísima carne de los dioses, no tengo ninguna duda de ello.

No tiene comparación con nada de lo que probé en mi vida. Nada. Bueno, sí, lo puedo comparar al mejor asado argentino que me comí en mi vida, pero elevado a la máxima potencia. 

Espero que no te agarre comiendo mientras leés esto, porque me vas a odiar.

¿Recordás que ayer dije que no noté demasiada diferencia entre el Kobe y el wagyu A5 de Osaka? Bueno. Ayer no comí solomillo. Ayer comí otros cortes. Y está bien, estaban increíbles. Pero el solomillo es otra dimensión.

No sé cómo explicarlo para que lo entiendas sin haberlo probado. Es como intentar explicarle el color rojo a alguien que es ciego de nacimiento. Las palabras no alcanzan. Lo único que puedo decirte es esto: en el momento en que ese trozo de carne tocó mi lengua, el mundo cambió para siempre.

A partir de ahora comer cualquier otro tipo de carne ya no tiene sentido. Estoy exagerando, lo sé. A veces me gusta.

Así que el veredicto final es este: el solomillo de Kobe no es simplemente la mejor carne que probé en Japón. Es lo mejor que probé en mi vida. Punto.

¿Vale la pena el precio? Sí. Sin dudarlo. ¿Lo recomendaría? Con los ojos cerrados. ¿Volvería? Mañana mismo si pudiera.

Y el borrachín del bar que casi se pelea a puñetazos en el 2018 defendiendo a Iniesta y la carne de Kobe… tenía razón. Toda la razón del mundo. Le debo una.

Los restaurantes donde probamos Kobe y wagyu de alta calidad, que en Japón no son tantos como creés, sin que te timen y sin que te den gato por liebre, los tenemos marcados en nuestro mapa de Japón en viajesytips.com. Da igual que no estés por ir a Japón pronto. Pasáselo a un amigo, que hoy en día es imposible no conocer a alguien que no vaya a Japón. O guardátelo para el futuro. Me lo agradecerás.

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