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Instagram vs realidad
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¿Hasta qué punto somos capaces de llegar por 4 miserables likes? ¿En qué momento una persona de 15, 40 o 70 años deja de vivir el presente para verlo a través de su pantalla? He aquí la historia de hoy.
Hoy llegamos a Takachiho, uno de los lugares que más nos están gustando de todo Japón. Verde por todos lados, montañas, naturaleza pura y uno de los paisajes más bonitos del país: la Takachiho Gorge.
A la noche fuimos a ver el Yokagura en el santuario de Takachiho, una danza sagrada sintoísta de más de 1.000 años de antigüedad, declarada Bien Cultural Inmaterial de Japón.
Éramos unas 120 personas sentadas en el suelo del templo. Y delante nuestro, un señor con un móvil. No cualquier señor. El señor de los señores.
Antes de que empezara el espectáculo, un músico se tiró seis minutos hablando en japonés explicando lo que íbamos a ver. El señor lo grabó todo. Los seis minutos completos. Luego empezaron las danzas. Las grabó todas. Cada una. Sin excepción. Durante 45 minutos, con el brazo en alto como la Estatua de la Libertad, grabando algo que en su pantalla era básicamente la cabeza del señor de adelante, una barandilla en el medio y, en un rincón perdido, alguien bailando.
De vez en cuando bajaba el brazo unos segundos, claramente al límite de sus fuerzas, sufriendo en silencio. En un momento su cuerpo empezó a rendirse hacia la persona de al lado. Lo recuperó. Siguió grabando. Una hora entera. La mitad al suelo, la otra mitad a la nuca del de adelante y, cuando tenía suerte, pillaba al que bailaba.
Y me dirás: ¿estuviste todo el rato viendo qué hacía el señor? La mitad del tiempo sí, porque tengo que admitir que la danza me aburrió un poco, y nos entretuvimos con el show que nos estaba brindando el abuelo japonés.
¿Qué carajo va a hacer con esos 60 minutos de video el resto de su vida? ¿Lo va a subir a Instagram? ¿Lo va a ver cada día? ¿Se lo va a mostrar a sus amigos? Porque lo que es seguro es que esa noche no lo vio. Solo vio la pantalla de su móvil.
Y esto no es solo este señor. Es el pelotudo de turno que tenés delante en cada concierto grabando todo con el móvil en alto. La persona que en vez de estar en el momento, está pensando en cómo van a verlo los demás. Preferís perder lo que tenés ante los ojos para que la gente que no está ahí crea que te la estás pasando bien. Y mucho peor, está el que le hace una videollamada a alguien o se pone a subir historias en ese mismo momento.
Seré un chapado a la antigua, pero estas cosas no me dejan de asombrar. ¿A qué estamos llegando? ¿Qué es lo que de verdad nos importa? ¿El momento, o que los demás sepan que estamos viviendo ese momento? Es algo para replantearse…

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