Nuevo año, nueva Newsletter 🎉

¿Por qué casi nadie está hecho para hacer un viaje largo?

¡Hola, viajero/a!

Un nuevo año, una nueva página por escribir. Queremos hablaros de qué podéis esperar de esta Newsletter este 2026. Porque sí, va a cambiar y vais a alucinar 🤯

Este 2026 nos centraremos en contar cosas de lo que no mucha gente quiere hablar cuando hace un viaje. De hacernos preguntas incómodas en las que, quizás, te sientas identificado. Y, como siempre, con la honestidad por delante.

Empezamos el año con muchísima ilusión de que continuéis en la familia de Viajesytips.com 🧡 ¡Además este año volvemos a coger la mochila! Nos esperan muchos viajes impresionantes. ¡Abróchense los cinturones, porque despegamos!

▶︎ Recuerda que tienes publicadas todas las anécdotas de nuestro viaje que os escribimos en 2025. Si quieres leerlas puedes hacer clic aquí.

En la Newsletter de hoy:

¿Por qué casi nadie está hecho para viajar por mucho tiempo… aunque crea que sí?

Hacer un viaje largo está de moda.

Y como toda moda, está llena de gente convencida de que es para ellos… hasta que deja de serlo.

No hablo de dinero. No hablo de tiempo. No hablo de visas, mochilas ni vuelos baratos.

Hablo de cabeza.

La mayoría de las personas cree que quiere viajar por mucho tiempo porque confunde dos cosas muy distintas:

«El deseo de escapar con la capacidad de sostener la incomodidad»

Y hacer un viaje largo no es escaparse. Es quedarse. En situaciones incómodas. Repetidas. Sin aplausos.

El problema no aparece el primer mes. Aparece cuando se termina la novedad.

Cuando ya no sorprende el mercado nocturno.
Cuando el templo se parece al anterior.
Cuando el bus vuelve a ser largo.
Cuando el calor cansa.
Cuando el idioma pesa.
Cuando tomar decisiones todo el día empieza a agotar.

Ahí es donde se cae el decorado.

Porque nadie te lo dice así de claro: «Un viaje largo es una sucesión de días normales… en lugares extraordinarios».

Y eso rompe muchas fantasías.

No estás inspirado todo el tiempo. No estás agradecido todo el tiempo. No estás feliz todo el tiempo.

Hay días grises.
Días planos.
Días en los que no pasa nada “instagrameable”.
Días en los que te preguntás qué carajo estás haciendo tan lejos de todo.

Y ahí aparecen las excusas elegantes:

  • “Este país no es lo mío”

  • “Creo que ya vi suficiente”

  • “Extraño mi rutina”

No pasa nada con volver.

Pero seamos honestos: muchas veces no es el lugar. Es la fricción.

La fricción de no tener estructura. La fricción de no tener validación. La fricción de no saber qué viene después.

Viajar largo exige algo que casi nadie entrena: La capacidad de estar incómodo sin dramatizarlo.

Sin convertir cada mal día en una señal del universo.
Sin pensar que todo tiene que ser épico para valer la pena.
Sin necesitar que alguien te diga que estás haciendo lo correcto.

Por eso algunos duran semanas… y otros años.

No porque sean mejores, sino porque entienden antes una verdad incómoda: El viaje no se rompe cuando algo sale mal.

Se rompe cuando no sabés qué hacer con lo que sentís cuando nada sale bien.

Con el tiempo aprendimos a identificar ese momento.

Ese punto exacto en el que muchos abandonan no porque no puedan seguir… sino porque no estaban preparados para lo que el viaje también es.

No templos. No playas. No fotos.

Cansancio. Duda. Silencio. Normalidad.

Y si después de leer esto seguís teniendo ganas de viajar largo, mejor.

Significa que ya no estás persiguiendo una fantasía.

Y si no… también está bien.

Viajar por mucho tiempo no es para todos. Y aceptarlo también es una forma de criterio.

Nosotros necesitábamos ordenarle todo esto a la cabeza para poder seguir.

Por eso lo dejamos escrito. No como motivación, sino como recordatorio. Nada más.

Y no te olvides:

«En la vida, el que abandona no tiene premio»

Aaaaadiosss 🖤

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