Capítulo 5: Encuentros inesperados

Cuando tu peor pesadilla se vuelve realidad

¡Hola, viajero/a!

Esta semana os traemos una historia de esas que no quieres que te pasen… pero que tienes que estar dispuesto a todo. Recuerda que cada semana os enviamos una anécdota NUNCA CONTADA ANTES con una moraleja final y consejo viajero que podéis utilizar. Si quieres leer otros capítulos anteriores puedes hacer clic aquí.

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Lo que nos ocurrió en Asia - Capítulo 5: Encuentros Inesperados

Una de las primeras paradas de nuestro viaje de 20 meses por el Sudeste Asiático fueron las Islas Gili, un pequeño paraíso en Indonesia, situado frente a la costa de Lombok. Aunque el archipiélago cuenta con varias islas, las más conocidas por los viajeros son Gili Air, Gili Meno y Gili Trawangan. Nuestra historia ocurre en esta última, la más vibrante de las tres.  

Con apenas 3 km de largo por 2 km de ancho, Gili T se puede recorrer fácilmente en bicicleta o incluso a pie en unas dos horas. No hay vehículos motorizados en la isla, por lo que la movilidad se basa en bicicletas y caminatas. También hay carros tirados por caballos, pero si alguna vez visitas la isla, te pedimos encarecidamente que no los utilices.  

Como éramos cuatro personas y planeábamos quedarnos una semana, decidimos alquilar una villa de dos pisos con piscina privada. Llegamos a Indonesia en un momento único: el país acababa de levantar la cuarentena obligatoria para los viajeros, por lo que el turismo aún no se había reactivado del todo.

En las Gili, pequeñas y alejadas del bullicio, la calma era aún más evidente. Para nosotros, fue un golpe de suerte: precios increíblemente bajos, playas prácticamente vacías y la sensación de tener la isla solo para nosotros. 

La isla desde el aire

Nos repartimos las habitaciones y a nosotros nos tocó la de la planta baja. Amplia, luminosa, con una cómoda cama doble y baño privado. Todo parecía perfecto… salvo por un detalle curioso: nuestro baño no tenía techo. En ese momento nos pareció algo extraño, ya que era la primera vez que veíamos algo así.

Apenas llevábamos unos días de viaje y aún no estábamos acostumbrados a este tipo de construcciones. Con el tiempo, los baños al aire libre se volverían algo completamente normal para nosotros, pero en aquel momento, esa pequeña peculiaridad nos resultó de lo más llamativa.  

Los días en la isla eran un auténtico sueño. Por las mañanas playa, bebiendo cocos frescos y nadando entre tortugas que se dejaban ver incluso desde la orilla. Por la tarde, el plan era ir a ver el atardecer desde cualquier rincón tranquilo de la isla. Y por la noche, salir a escuchar música en vivo y a bailar un poco. Un estilo de vida idílico que nos atrapó por completo, hasta el punto de que lo que iba a ser una semana se convirtió en un mes y medio viviendo allí.  

Pero una noche, todo cambió cuando Patri entró al baño. Esa noche, su barriga estaba bastante revuelta por un Nasi Goreng picante de más. Sí, queridos lectores/as, los primeros días tu estómago tiene que asentarse y es probable que tengas que ir al baño más de una vez en el día.

Patri se sentó en el retrete y, por el rabillo del ojo, notó que algo se movió. La iluminación no era la mejor, por lo que al principio no distinguió bien qué era. Pero, unos segundos después, su peor miedo se había hecho realidad… ¡ERA UNA SERPIENTE!

No era una pitón gigante ni una anaconda de película, pero… ¿Quién no ha tenido alguna vez la pesadilla de estar encerrado con una serpiente? La diferencia es que esta vez, era real.  

Curiosamente, Patri no reaccionó con pánico (en ese momento las ganas de ir al baño eran mayores). Se quedó observándola, sacó su móvil y empezó a grabarla, esperando a ver qué hacía.

Nuestro plato de ducha estaba formado por las típicas piedras blancas decorativas y un pequeño camino de losas para caminar sin lastimarse los pies. La serpiente se deslizó entre las piedras y desapareció. Cuando Patri salió del baño y nos enseñó el vídeo, no podíamos creerlo. Sí, no era una anaconda… pero, ¿Quién se atrevería a ducharse sabiendo que hay una serpiente escondida por debajo? 

Fotograma de nuestra amiga (subiremos el video a IG)

El instinto de supervivencia hizo lo suyo: bloqueamos la puerta del baño con toallas, mochilas y todo lo que encontramos a mano. Hasta que al día siguiente pudimos hablar con el encargado del alojamiento, usamos únicamente el baño de la planta de arriba.  

Cuando se lo contamos al chico que se hacía cargo del establecimiento, nos miró extrañado. Primero porque era la primera vez que un cliente decía que había visto una serpiente y, segundo, porque no le habíamos avisado en el momento que había pasado. 

Nosotros nos fuimos a la playa y él, junto con su equipo, levantó todas las piedras de la ducha en busca de la escurridiza visitante. Cuando volvimos, nos informaron que no la habían encontrado. La explicación más lógica era que se había ido por el techo abierto del baño o por el desagüe de la ducha.  

Agradecimos su esfuerzo, pero la duda seguía rondando nuestras mentes. ¿Y si aún estaba allí?  

Desde ese momento, cada vez que íbamos a ese baño, revisábamos la tapa del inodoro antes de sentarnos, mirábamos debajo de la cama por si acaso y nos duchábamos lo más rápido posible. Nunca más volvimos a verla. Pero la anécdota nos acompañará para siempre.  

Moraleja y Aprendizaje de la Historia

A lo largo de nuestro viaje por Asia nos encontramos con serpientes en infinidad de lugares: arrozales, cascadas, en los árboles, en bares… ¡E incluso haciendo snorkel! Nunca nos pasó nada.

Y es que, en realidad, no tiene por qué pasar nada. ¿Cuántas veces hemos visto una araña en la habitación y nos ha entrado pánico, como si fuera una batalla a vida o muerte? La realidad es que los animales NO están esperando el momento para atacarnos. 

Sucede lo mismo con las serpientes y cualquier otro ser vivo que nos cruzamos en el camino. Solo quieren vivir en paz, sin que nadie las moleste. Antes de este viaje, teníamos la idea de que, al caminar por un sendero, las serpientes estarían agazapadas esperando para saltarnos encima. Nada más lejos de la realidad.

De hecho, con el tiempo empezamos a buscar activamente estos encuentros, realizando excursiones nocturnas para verlas en su hábitat natural. La mayoría de las veces estaban enroscadas en las ramas de los árboles, tratando de pasar desapercibidas.  

Esto no significa que ahora debas convertirte en Frank de la Jungla y ponerte a jugar con todas las serpientes que encuentres. Siguen siendo animales peligrosos, algunos venenosos, y si se sienten amenazados, atacarán.  

Pero si hay algo que aprendimos en este viaje, es que el miedo muchas veces es irracional. Las serpientes no están ahí para hacernos daño. Si las respetamos, ellas también lo harán. Así que sí, si viajas por Asia seguramente te cruces con alguna. Pero, salvo que tengas la mala suerte de estar en el lugar y momento equivocado, no pasará nada.  

Por lo que nuestra moraleja y consejo viajero de la semana es:

Sé consciente de dónde vas a ir y ves abierto de mente a todo lo que te pueda pasar. La vida nos enseñó que "vive y deja vivir" no es solo una frase bonita, sino una filosofía que hace que todo sea más fácil, tranquilo y feliz. Salvo que tengas un pánico irracional (que puede ser), estate tranquilo/a si tienes uno de estos encuentros casuales.

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