¿Cuándo viajar deja de ser libertad...

...y se convierte en una forma elegante de no decidir?

¡Hola, viajero/a!

Hay una pregunta que tarda en aparecer cuando haces un viaje largo…

No surge al principio, cuando todo es novedad. Aparece más tarde, cuando ya sabés moverte, cuando el viaje se volvió rutina.

La pregunta es incómoda. Por eso casi nadie la formula en voz alta.

¿Estoy viajando porque quiero… o porque no sé qué hacer después?

No hablo de dinero.
No hablo de visas.
No hablo de cansancio.
Hablo de decisión.

Viajar por largo tiempo tiene algo peligrosamente seductor: te permite postergar.

Postergar volver.
Postergar elegir.
Postergar cerrar etapas.

Y ojo, no digo que esté mal. Digo que hay que saber cuándo está pasando.

Porque hay una diferencia enorme entre:

— viajar porque estás construyendo algo.
— y viajar porque no querés enfrentar lo que te espera cuando pares.

Durante mucho tiempo creíamos que seguir moviéndonos era siempre avanzar: Nuevo país, nueva ciudad, nueva ruta. Todo parecía progreso.

Hasta que un día nos dimos cuenta de que estábamos repitiendo el mismo movimiento… solo que en escenarios distintos.

Cambian los paisajes.
Cambian los idiomas.
Pero la pregunta sigue ahí, esperando.

Viajar te da una excusa perfecta para no responderla.

Siempre hay un próximo destino.
Siempre hay un “más adelante”.
Siempre hay un “cuando vuelva”.

Y el problema no es viajar. El problema es usar el viaje como anestesia.

Lo más curioso es que esto no se nota desde fuera.

Desde fuera parece valentía.
Parece libertad.
Parece una vida interesante.

Pero por dentro, si sos honesto, lo sabés.

Hay viajes que te expanden… y hay viajes que solo estiran el tiempo.

Nos dimos cuenta de esto cuando empezamos a preguntarnos algo distinto.

No “¿A dónde vamos después?”…sino “¿Para qué estamos viajando así?”

La respuesta no fue inmediata. Ni clara. Ni cómoda. Pero fue necesaria.

Hacer un viaje largo no debería ser una huida permanente. Debería ser un espacio donde pensás mejor.

Donde te conocés más.
Donde elegís con más claridad.

Si el viaje te está ayudando a eso, seguí. Sin culpa. Sin apuro.

Y si no… también está bien frenar.

Volver no es fallar. Quedarte tampoco es perder. Perder es no preguntarte nunca qué estás haciendo con todo ese movimiento.

No todos los viajes tienen que llevarte a un lugar… algunos tienen que llevarte a una decisión.

Nosotros necesitábamos ordenar esta idea para no confundir movimiento con sentido.

Por eso empezamos a escribir. Para no olvidarnos de preguntarnos lo importante mientras el mundo pasa rápido. Nada más.

Esperamos que nuestra reflexión os ayude 🖤

Y ya conoces nuestro dicho:

«El que abandona no tiene premio»

Aaaaadiosss.

¿Quieres colaborar con nosotros? Escríbenos a [email protected]