Capítulo 9: Navidades para el recuerdo

Y cómo conocimos el espíritu navideño en su esplendor

¡Hola, viajero/a!

Hoy os contamos lo bonito del espíritu navideño, ese que pensamos existe solo en las películas. De que la bondad sin interés sigue existiendo. Recuerda que cada semana os enviamos una anécdota NUNCA CONTADA ANTES con una moraleja final y consejo viajero que podéis utilizar. Si quieres leer otros capítulos anteriores puedes hacer clic aquí.

En la Newsletter de hoy:

Lo que nos ocurrió en Asia - Capítulo 9:
Navidades para el Recuerdo

Para poneros en contexto rápidamente: después de vivir seis meses entre Bali y las Islas Gili, se nos venció el visado y tuvimos que salir del país. Aprovechamos la oportunidad para conocer un destino que nos moríamos de ganas de visitar: Filipinas. Lo que no sabíamos es que este viaje se convertiría en una experiencia que llevaríamos en el corazón para siempre.  

Era diciembre y las fiestas se acercaban. Serían nuestras primeras navidades lejos de España, y no podíamos evitar sentirnos un poco bajoneados. Para nosotros (y seguramente para la gran mayoría), la Navidad significa familia y comida rica. Pero aunque nos pesaba la distancia, también sabíamos que Filipinas es un país donde las sorpresas están a la vuelta de la esquina, y que, de alguna manera, esas fiestas serían inolvidables.  

Decidimos que pasaríamos la Navidad en Siquijor, sin imaginar que allí viviríamos una de las celebraciones más especiales de nuestras vidas.  Nos alojamos en un humilde homestay gestionado por una familia maravillosa. Tras casi una semana con ellos, habíamos creado un vínculo especial, y unos días antes de Nochebuena le comentamos a la madre de la familia que estábamos algo tristes por pasar las fiestas lejos de los nuestros. Su respuesta fue inmediata y sin dudarlo ni un segundo:

El hall del Homestay

—Por supuesto que van a pasar las fiestas con nosotros.  

Patri, además, le pidió si podían poner un karaoke para animar la noche, y la mujer accedió encantada.  

Una Nochebuena para el recuerdo:

Cuando llegó la noche, nos recibieron como si fuéramos parte de la familia. No solo a nosotros, sino también a una pareja rusa que se hospedaba en el homestay. Nos habían preparado un buffet espectacular con comida local, y, por supuesto, el karaoke estaba listo para la fiesta.  

Cena de nochebuena filipinas

Postres de la cena

La diversión fue absoluta. Cada uno cantaba en su idioma: yo con canciones argentinas, Patri con españolas, la pareja rusa en su idioma, y la familia filipina con los clásicos en inglés. Pero el momento más épico de la noche llegó cuando pusimos una cumbia argentina y Patri sacó a bailar a toda la familia. Yo, mientras tanto, intentaba seguir la letra en el karaoke, sin poder contener la risa al ver a filipinos y rusos bailando una canción que jamás habíamos escuchado fuera de Argentina.  

Con uno de los dueños

Fue una noche hermosa. Cuando el cansancio nos ganó, nos fuimos a dormir con una sonrisa inmensa en el rostro.  

El regalo inesperado de Navidad

A la mañana siguiente, nos despertamos con la felicidad de haber pasado una Nochebuena increíble. Pero aún nos quedaba por vivir otra sorpresa…  

Era nuestro último día en Filipinas antes de viajar a Vietnam, y teníamos un problema: nos habíamos quedado sin efectivo. Encontrar un cajero era complicado y las comisiones nos iban a destrozar. Durante un par de horas, recorrimos la isla buscando un restaurante que aceptara tarjeta, pero todo estaba cerrado o solo aceptaban efectivo.  

Cuando ya nos habíamos rendido y pensábamos comprar cualquier cosa en el supermercado, vimos un restaurante con mucha gente dentro. Parecía abierto, así que Patri entró mientras yo me quedaba afuera con el casco puesto, esperando la negativa de siempre.  

Pero esta vez fue diferente. Patri tardó unos minutos más de lo habitual. Cuando salió, tenía una expresión de asombro y me dijo:  

—No aceptan tarjeta… pero nos invitaron a comer.  

Yo, incrédulo, pregunté:  

—¿Gratis?  

—Sí. Está cerrado. La gente adentro es la familia de la dueña, y me dijo que nos quedáramos a comer con ellos.  

No les voy a mentir, me dio muchísima vergüenza. ¿Cómo íbamos a sentarnos a comer sin pagar en una reunión familiar? Pero la dueña insistió:  

No pasa nada, es Navidad.  

Y así, de repente, estábamos sentados en una mesa con más de 30 personas, compartiendo un festín navideño. Nos recibieron con una calidez increíble, como si fuéramos de la familia.  

Buffets

Mati con cara de situación xD

Comimos lo más rápido que pudimos, porque aunque nos hicieron sentir bienvenidos, no queríamos abusar de su hospitalidad. Pero la mujer nos tranquilizó:  

—Esta es su casa, quédense todo el tiempo que quieran. 

Mientras comíamos, presenciamos un momento hermoso: todos los niños abrieron sus regalos de Navidad. Había una mesa enorme con montones de paquetitos sin nombre. Cada niño tomaba uno al azar y siempre era un pequeño juguete o un peluche. No importaba el valor del regalo, sino el gesto de recibir algo con amor.  

Cuando nos fuimos, le agradecimos 495.583 veces a esa increíble mujer y le prometimos que le diríamos a todo el mundo que, si iban a Siquijor, tenían que comer en su restaurante.  

Moraleja y Aprendizaje de la Historia

A día de hoy, seguimos recordando ese momento con emoción. No tenían por qué hacerlo, pero lo hicieron. No era un restaurante de extranjeros donde sobraban los platos y, si no los comíamos nosotros, se tirarían. Era una familia humilde que, por darnos un lugar en su mesa, posiblemente tuvo que repartirse menos comida.  

Pero eso nunca les importó. Su gesto fue completamente desinteresado, una muestra de bondad pura. Y nos dejó pensando…  

Lamentablemente, en Occidente es difícil que algo así ocurra. No porque la gente no sea generosa, sino porque el mundo en el que vivimos nos ha llenado de desconfianza. Es complicado abrirle la puerta de tu casa a un desconocido cuando nunca sabes cuáles son sus intenciones.  

Pero en el Sudeste Asiático, eso no pasa. La hospitalidad es parte de su esencia. Allí, la gente te ofrece lo que tiene, aunque a ellos les falte.  

Así que la moraleja del día es:  

La verdadera generosidad no viene de lo que nos sobra, sino de lo que estamos dispuestos a compartir, aunque sea poco.

▶︎ Si queréis info del alojamiento, se llama LightHaus DP Garden Resort, se ubica en Siquijor y podéis contactar directamente con la dueña Deborah al +63 917 703 1263. También podéis reservarlo online aquí.

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