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Capítulo 4: Vi el peligro y corrí hacia él
El día en que arriesgué mi vida por alguien desconocido


¡Hola, viajero/a!
Hoy toca explicarles una de las anécdotas más duras que nos tocó vivir, no solamente en el viaje… sino en toda nuestra vida. Si quieres leer capítulos anteriores, puedes hacer clic aquí.
En la Newsletter de hoy:

Lo que nos ocurrió en Asia - Capítulo 4:
Vi el peligro y corrí hacia él

A ver, por donde empezamos… Estábamos de viaje por Indonesia, más concretamente en la isla Nusa Lembongan. Las Nusas son un conjunto de tres islas que estan en frente de Bali y que son famosas mundialmente por Nusa Penida y su playa Kelingking con forma de dinosaurio o ballena, según de quien la vea.
Aquí el oleaje que rodea a las islas es muy fuerte, pero cuando decimos muy fuerte es de verdad MUY fuerte. En gran parte de las islas está prohibido el baño, ya que si te metes, la corriente es tan grande que te arrastra para el fondo y es imposible salir.
A partir de aquí, la anécdota se dividirá en dos, con la visión de Mati y Patri por separado.

Kelingking Beach en Nusa Penida
En el cuerpo de Mati…
En Nusa Lembongan, que es donde transcurre la historia, hay un par de playas donde el baño está permitido. Un día como cualquier otro, fuimos a una de estas playas - Dream Beach - a pasar la tarde en la arena y, a su vez Patri, que en ese entonces estaba haciendo streamings en Twitch, prendió directo.
Hacia un calor brutal, abrasador, así que antes de tumbarme en la arena, me fui a refrescar un poco al mar. Ni bien entro al agua, la corriente me chupó para adentro y en un segundo estaba a 20 metros de la orilla. Obviamente, no me gustó nada la situación y, ayudado por las olas, salí rápidamente para afuera. Lo primero que hice fue avisarle a Patri que el mar estaba muy peligroso y que era mejor no entrar.
Rompeolas justo al lado de la playa Dream Beach
Aunque en la playa no había esta magnitud de olas, la corriente que había debajo te llevaba sin que pudieras hacer nada. Mientras Patri seguía en su stream, yo me puse los auriculares para leer y escuchar música. Pasaron unos 20 minutos hasta que alguien se plantó frente a mí, bloqueándome el sol.
Al levantar la vista, vi a un chico de unos 30 años con un flotador salvavidas en la mano. Lo curioso era que no había socorristas en la playa. Se le cayó algo, lo recogió y salió corriendo hacia el acantilado. Fue entonces cuando entendí que algo pasaba. Miré a mi alrededor y vi a otra persona en lo alto, lanzando otro salvavidas... pero el viento lo estrelló contra las rocas. Algo no iba bien.
Cuando dirigí la mirada al mar, la vi. Una persona estaba muy, pero muy lejos de la orilla, luchando contra el agua. Me quité los auriculares y, de golpe, el caos se hizo audible: gritos desesperados pidiendo ayuda y la gente murmurando, paralizada ante lo que estaba ocurriendo.
Cabe aclarar que yo soy socorrista, pero de instalaciones acuáticas. A mí el mar me da un miedo barbaro. Aún así, mi cabeza analizó todo lo que podría llegar a pasar en menos de un segundo, todos los desenlaces posibles y la conclusión fue: si yo no me tiro, no se va a tirar nadie y, si no se tira nadie, esa persona se va a morir.
Y sí, me tiré al mar más peligroso en el que haya estado, con una confianza que jamás había tenido estando dentro del mar. Empecé a nadar y parecía Michael Phelps, ya que la corriente me estaba arrastrando para adentro con una fuerza descomunal. En un momento, recuerdo como mi mente se percató de donde estaba y miré para atrás.
Nunca había estado tan lejos de la orilla por nado propio en mi vida. No voy a mentir, por un segundo sentí el terror en mis huesos. Por si fuera poco, miro para adelante y la persona había desaparecido, producto de que las olas eran enormes y me dificultaban la visión.

Dream Beach, el escenario de la tragedia
En ese momento, mi mente se puso otra vez focus en lo que estaba haciendo y pensé: ya no hay vuelta atrás, tienes que seguir. Continué nadando, con la esperanza de que no se haya ahogado y, pasando unas cuantas olas, la vi. Era una chica que debería tener la misma edad que yo, entre 30 y 35 años.
Cuando estaba cerca de ella, le empecé a hablar para “tranquilizarla”… aunque imagínate la situación: eres la chica que se está ahogando, estás en el modo de supervivencia más grande de tu vida, ves una persona que se acerca a vos y no te va a importar nada, te le vas a tirar encima aunque la ahogues.
Por eso mismo, como socorrista hay que hablarle a la víctima, tratar de calmarla, para que el mal no sea aún peor. Le dije que me llamaba Matías, que era socorrista y que estaba ahí para ayudarla. Nunca me olvidaré de sus ojos, tenía la mirada de susto mas grande que vi en mi vida.
Vale, justo este momento era el más peligroso de todos: el primer contacto. Porque ella, aunque me escuchó, al tenerme a 20 centimetros se me quiso tirar encima, a lo que yo, de forma muy rápida, le hice un agarre de socorrismo, en el que la di vuelta, le trabé un brazo contra mi cuerpo, la agarré del otro como si fuera un cinturón de seguridad y la puse boca arriba.
En ese momento, ella se sintió segura y empezó a respirar un poco más tranquila. Ahora que ya la tenía neutralizada le dije que descansara un poco y que respirara. Y fue en ese momento cuando empezó la odisea más grande que hice en mi vida, porque ya había llegado a ella, ahora teniamos que volver.
La corriente por supuesto que no nos ayudaba y, aunque yo nadara con todas mis fuerzas, nos estaba tirando todavía más atrás. Aún así, yo seguía poniendo todas mis fuerzas nadando en diagonal, con la esperanza de encontrar una corriente que nos ayudara a llegar a la orilla. Así estuvimos unos 10 minutos y no avanzamos ni un metro. La chica se levantó de la posición de plancha para ver donde estabamos y se dio cuenta de que no avanzábamos nada, por lo que se empezó a desesperar. Intenté tranquilizarla, pero ella se puso muy nerviosa.
Acá ya perdí todo el protocolo de socorrismo y se me ocurrió poner a la chica delante mío, los dos mirando hacia la playa, para ir empujándola con todas mis fuerzas. Seguido a este movimiento poco ortodoxo, empecé a nadar con todas mis fuerzas y, cuando la tuve otra vez cerca, la volví a empujar y a nadar con todas mis fuerzas. Así, sucesivamente.

La zona del rescate, muy cerca de acantilaods
Claro, así empezamos a avanzar de a poco… pero cada vez que yo la empujaba ella se hundía en el agua, chapoteaba un poco y yo la volvía a agarrar, después de haber nadado con todas mis fuerzas hasta legar a su alcance. Ella estaba tragando mucha agua y me pidió por favor que paráramos y se puso otra vez en la posición de plancha.
Para esto, ya habian pasado como 20 minutos y yo estaba reventado, pero aun así tenía muy en claro de que hasta que no salieramos iba a seguir y seguir nadando. Como estábamos perdiendo toda la ventaja que habíamos ganado, le dije: “Dale, sigamos con lo que estabamos haciendo antes que estaba funcionando.” Y ahí fuimos otra vez, yo la empujaba, nadaba con todas mis fuerzas y repetíamos.
Hoy en día les juro que todavía no entiendo de donde saqué tantas fuerzas, a lo que me lleva a creer que, cuando de verdad estamos jodidos, el cuerpo saca su potencial verdadero. De verdad, creo que no somos concientes de lo que podemos llegar a hacer por sobrevivir.
Seguimos con esta técnica y después de un buen rato logramos llegar al lugar donde empezaban a romper las olas. Yo ya no podía más, estaba tragando mucha agua salada, se me estaba empezando a acalambrar todo el cuerpo, asi que cuando por fin llegamos a donde rompian las olas, yo la abracé y dejé que las olas nos revolcaran y nos llevaran para delante.
Literalmente, estábamos a 50 metros de la orilla y yo veía un montón de personas mirando y no podía entender como nadie, NADIE nos estaba ayudando. Ni que sea una cadena humana, algo.
Llegué a mi límite físico y POR SUERTE vino una ola gigante que nos arrastró a los dos hasta la orilla. Recuerdo que todo el mundo empezó a gritar y aplaudir, yo me quise levantar, pero literalmente no tenía fuerzas ni para mantenerme en pie y me caí de rodillas en la arena.
También recuerdo que Patri estaba súper asustada y me echaba la bronca, una mujer alemana me abrazó llorando, luego creo que me abrazó la chica a la que habia rescatado y su pareja también me dio las gracias. Yo lo unico que quería era llegar donde estaba mi toalla y tumbarme, así que me ayudaron a llegar hasta allí.
Justo donde tenía puestas mis cosas había un Beach Club con un restaurante de 3 plantas. Al ver que iba para ahí la gente se puso de pie y empezó a gritar y ovacionarme. Supongo que eso es lo que debe ver un futbolista cuando mete un gol. Lo único que pasaba por mi mente era: manga de HDP, ¿Por qué nadie me ayudó?

Desde esta piscina la gente ovacionó a Mati
Por fin llegué a mi toalla, me tumbé con Patri a mi lado, casi llorando. Justo vino el chico que se había parado frente mio 40 minutos atrás con el salvavidas en la mano. Me agarró y me dijo que tanto él como su amigo eran socorristas australianos y que ni ellos se habían animado a tirarse al agua por lo peligroso que estaba el mar. Me empezó a decir que era un héroe, que si no fuera por mi, esa chica estaría muerta ahora mismo. Yo solo tenía un pensamiento en mi cabeza: HDP, por qué no me ayudaste.
Todo el mundo que pasaba me venía a saludar, me decían que era un héroe, mientras que a mí me empezó a bajar la adrenalina y, junto el cóctel que tenía en el estómago de agua salada, me empecé a sentir fatal y le dije a Patri: vámonos porfa, ya no puedo ver más la playa. Nos fuimos al hotel a descansar y a tratar de entender lo que habia pasado. Por cierto, a la chica nunca más la vi.
En el cuerpo de Patri…
Escribir estas palabras hace que reviva uno de los peores días de mi vida, así que seré muy breve. No quiero sonar dramática o exagerada, pero yo sentí que este fue el día en el que casi pierdo al amor de mi vida.
Estaba haciendo un directo en Twitch, enseñando la playa… cuando escuché a una chica gritar HELP. Estaba lejos, pero la podía escuchar. La veía como un puntito pequeño dentro de un mar muy agitado y violento, muy cerca de los acantilados.
Recuerdo pensar: ¿Qué loco se tiraría a salvarla? Y entonces vi a Mati. Tardé unos segundos en asimilar que esa persona era Mati. Me había quedado muda, dándole sentido a lo que mis ojos estaban viendo.
Lo peor, es que Mati se metió sin ningún tipo de salvavidas. La escena era la siguiente: gente en la orilla sin hacer nada con salvavidas, pero Mati metiéndose sin nada. Yo estaba alucinando.
Obviamente, cerré directo y todo lo que estaba haciendo para correr a la orilla. Gritaba pero Mati no me escuchaba, ya era tarde para volver. Y sí, admito que en ese momento fui egoísta. Claramente no quería que nadie se ahogara, pero solo podía pensar por qué se había metido él en esa situación.
Mati se estaba jugando la vida por una persona desconocida, y yo estaba aterrada porque no sabía qué podía pasar. No sé cuánto duro todo… ¿20 minutos quizás? Pero se me hizo eterno.
Estaba sola, en la orilla, mientras detrás de mi cientos de ojos observaban la escena cual película de Netflix. Apenas podía visualizar dos puntos, dos cabecitas, luchando con un mar embravecido. Parecía que no pasaba nada, que no avanzaban, mientras yo sentía que se me saldría el corazón.
Pero tras unos minutos de lucha, esos dos puntos iban acercándose más. Podía ver las facciones: ella, de terror, Mati, de no poder más. Pero pensé en no parar de gritar por si eso servía de algo. También intenté que la gente de la orilla ayudase en cierta medida, había chicos jóvenes y atléticos que podían echar una mano. Pero nada.
Ya sabéis el final, Mati consiguió sacar a la chica que venía semi desnuda por el oleaje. Sin apenas poder ponerse de pie, recogí a Mati de la orilla y le di un abrazo muy muy fuerte. Después de que la chica le agradeciera a Mati, bastante en shock, haberla salvado, se fue sin más.
Y Mati fue coreado, pero ambos seguíamos con una presión en el pecho difícil de aguantar. Nos fuimos de nuevo a nuestro hotel, como en piloto automático. Y ya está. Esa noche cenamos pizza. Y la vida siguió, sin más. No sabemos qué habrá sido de la chica, desde luego si no fuera por Mati, no estaría aquí hoy en día.
Moraleja y Aprendizaje de la Historia
La conclusión final, después de 2 años de lo ocurrido, es que por suerte salió todo bien, aunque podría haber terminado en tragedia. Una fuerza dentro de mi (Mati), me dijo que lo tenía que hacer y sabía que si, no lo hacía, no me lo iba a perdonar jamás.
Pero esto no significa que ante esta situación cualquiera debe hacer lo mismo. Mucha gente con la que hablé sobre el tema criticó al novio de la chica por no tirarse él a salvarla. Mi opinión es que, ante estas situaciones, si no sabes lo que tienes que hacer no lo hagas, porque en vez de sacar un cuerpo… vas a tener que sacar a dos.
Otras tanto ,me echaron la bronca por arriesgar mi vida por alguien desconocido. Pero después de meditarlo durante mucho tiempo, estoy seguro de que mi reacción fue la correcta. Ese día esa chica necesitaba una mano y la encontró de alguien desconocido. Quizás el día de mañana me pase lo mismo a mí o a un ser querido mío y aparezca un anónimo a tirarnos un cable. Si no nos ayudamos entre nosotros… ¿Quién lo va a hacer?
Fue un momento que marcó mi vida y quizás hasta el día de hoy no entiendo el riesgo al que me expuse. Pero sin lugar a dudas, fue un instante que me hizo crecer como ser humano.
Como enseñanza, sobre todo destacamos hacer caso a las indicaciones que los demás ponen para que no nos pase algo malo. Más de una vez hemos visto a gente entrar en el mar cuando está prohibido el baño. Más de una vez hemos visto a personas no respetar las alertas que los demás ponen. Para poner un ejemplo tonto, hemos visto personas tumbadas tomando el sol, en la orilla de un lugar lleno de carteles advirtiendo de la presencia de cocodrilos. Después pasan las desgracias y nos lamentamos… No nos creamos superman, por favor.
Hasta aquí la newsletter de hoy, ya veis que ha sido intensa y personal. No sé si habremos conseguido que os pongáis en nuestra piel tras revivir este momento, pero esperamos que os haya transmitido el peligro que tiene el mar y que tengáis mucho, pero mucho cuidado. Os esperamos en la próxima Newsletter, en la que también nos enfrentamos con un peligro… pero bastante distinto.

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