Capítulo 2: ¿Espíritus en nuestra habitación?

Una noche en vela y un final trágico

¡Hola, viajero/a!

Esta semana os traemos una historia de esas rocambolescas. Recuerda que cada semana os enviamos una anécdota NUNCA CONTADA ANTES con una moraleja final y consejo viajero que podéis utilizar. Si quieres leer el capítulo 1, puedes hacer clic aquí.

En la Newsletter de hoy:

Lo que nos ocurrió en Asia - Capítulo 2: ¿Espíritus en nuestra habitación?

Después de pasar un mes de ensueño viviendo en las islas Gili, volvimos a Bali para seguir explorando la isla, mas concretamente la zona de Ubud. El speed boat que nos trajo, nos había dejado bastantes mareados y con la cabeza hecha un bombo, ya que la música estaba altísima y eso parecía mas una discoteca que otra cosa.

En Padang Bai -el puerto principal de Bali- nos recibieron con un festín de gritos para intentar estafarnos y llevarnos a nuestros destinos por el triple de precio en una ruta cuatro veces mas larga que la nuestra. Os lo explicaríamos mejor, pero esto nos lo reservamos para la historia de la semana que viene.

El viaje en barco, junto con las dos horas en una furgoneta en la que íbamos apretados como sardinas y con muy poca ventilación, nos dejó totalmente exhaustos. Nos dejaron en un punto erróneo al que nosotros habíamos negociado al principio, pero con el cansancio decidimos no discutir y empezar a caminar hacia nuestro alojamiento. Media hora después, el homestay que elegimos nos recibió con la calidez de una familia local, un perro muy pero que muy gordo y… un misterio inesperado.

El homestay contaba con unas 4 habitaciones separadas en diferentes mini casas bastante amplias, y la nuestra era la única que tenia dos plantas. A nosotros lamentablemente nos tocó la habitación de abajo, ya que la de arriba estaba ocupada. Nuestra habitación era amplia y sencilla por partes iguales: una cama de dos plazas, un escritorio con una silla, un armario de madera bastante amplio en un lateral y un baño propio.

La habitación del Homestay

Tiramos las mochilas en la mesa, nos duchamos y nos tumbamos en la cama, totalmente reventados. No paso mucho tiempo hasta que empezamos a escuchar un ruido. Pero no un ruido sin más, era un ruido MUY FUERTE, como si de un martillazo se tratara.

Pensamos que estaban haciendo obras en la zona y lo dejamos pasar. Pasada una hora, el ruido, que se hacía presente cada unos 2 o 3 minutos, no paraba de sonar. Dimos la vuelta por el lugar y no había nadie. Llamamos a la mujer que nos había atendido y nos miró extrañada ante nuestra historia y, tras su negativa, volvimos a la habitación.

Al poco tiempo… ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡Parecía literalmente que alguien estaba martillando dentro de nuestra habitación! Desesperados, pensamos: estos son los vecinos que tenemos arriba, que deben estar jugando a darse cabezazos contra la pared 😂 Así que fuimos a corroborarlo.

Tenían la puerta abierta de par en par, por lo que no nos dejó ninguna duda: no eran ellos. Eran una pareja de nuestra edad, acostados tranquilamente en la cama mirando el móvil.

Los dos pisos del Homestay

Volvimos a la habitación creyendo que nos habíamos vuelto locos y que ese sonido sólo estaba en nuestra cabeza. Nos fuimos a cenar y a las dos horas volvimos con ganas de acostarnos a dormir. Para nuestra desgracia, el sonido empezó a sonar de nuevo: ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! Así, durante toda la noche. Ya no sabíamos que hacer, salíamos afuera a las cuatro de la mañana en busca de nuestro odioso carpintero, pero no encontrábamos a nadie. ¡Llegamos a creer que eran fantasmas!

No dormimos en toda la noche y el ruido no paraba de sonar. Alrededor de las 7 de la mañana nos propusimos levantarnos, desayunar y arrancar el día de la “mejor” manera posible. Como era temprano y nuestras cosas estaban tiradas por todos lados, decidimos acomodarlas un poco y meterlas en el armario. 

No fue hasta que una servidora (Patri) que, de forma muy tranquila y conversando sobre lo mal que habíamos dormido, me decidí a abrir la puerta del armario sin esperar lo que nos deparaba en el interior… ¡Habían dos ojos brillantes que me observaban desde el rincón más oscuro!

Sin perder la calma, le trasladé a Mati lo que había visto pero… finalmente huímos despavoridos en búsqueda de ayuda. Le explicamos lo sucedido a la señora del homestay y totalmente asombrada fue a ver qué había dentro de ese armario del infierno.

La pobre mujer salió de la habitación super avergonzada y nos dijo que no era ningún tipo de demonio, si no que era… ¡UNA RATA! Si, habíamos pasado toda la noche con una pobre rata que se había quedado encerrada en el armario de nuestra habitación, y los ruidos que escuchábamos eran los cabezazos que se daba el pobre animal tratando de escapar.

Por si esto fuera poco, Mati tiene una fobia irracional a las ratas, por lo que al enterarse de que había una rata dentro de la habitación junto a todas sus cosas, casi le da un ataque (así funcionan las fobias 😅).

La señora, muy avergonzada, nos llevó a desayunar en el rellano de otra habitación, mientras se preparaba la comitiva para desalojar a la rata. La habitación nueva quedaba a unos 30 metros de forma recta, por lo que podíamos ver a lo lejos todo lo que pasaba. Entraron 3 personas para desalojar a la okupa, bajo la atenta mirada de la abuela de la familia que no paraba de reírse por toda la situación rocambolesca que se había armado.

Foto del desayuno buenísimo

Empezó el desalojo: ¡PIM! ¡PAM! PUM!, Y fue cuando vimos a la rata pegar unos buenos saltos. Después de esquivar a dos personas, la rata encaró justamente para donde estábamos nosotros. Y la siguiente secuela es digna de una película de comedia: la rata que se aproximaba a los saltos hacia nuestra ubicación, Mati totalmente asustado subiéndose encima de la mesa, la abuela de fondo partiéndose de risa y…

Era inminente: teníamos a la rata encima nuestro. Pero, de repente, apareció un héroe que hasta el momento no había hecho acto en la escena: el perro híper gordo de la familia (no lo discriminamos, mirad la foto😂) se lanzó cual león hacia su presa, la rata pegó un quiebro, desaparecieron los dos de la escena, y… silencio total, solamente quebrado por los pobres gritos de dolor de la rata. 

El héroe

Se había terminado: el perro de la familia la había cazado. Y como si fuera poco, ¡NOS LA DEJÓ A LOS PIES! Si, si… a nuestros pies, como diciendo: tanto escándalo por esto… Mati tapándose la cara, la mujer corriendo hacia nosotros muerta de vergüenza por la situación y la abuela de la familia de fondo que cada vez reía y reía más y más por toda la escena. SHOW TOTAL.

Al final, la rata no estaba muerta, sino que estaba fingiendo su muerte para sobrevivir. Una vez vio que el perro se alejó, se levantó y salió huyendo. La señora nos pidió perdón por enésima vez y nos dijo que seguramente, cuando limpiaron la habitación, la rata habría entrado sin que nadie se diera cuenta.

Moraleja y Aprendizaje de la Historia

De todo se aprende en esta vida, así que aquí va nuestra moraleja y aprendizaje viajero sobre la situación que esperamos os ayude ▽

Pese a que no pudimos dormir nada, comprendimos que NADIE tuvo la culpa de lo que había pasado. Y esto lo decimos porque no es la primera vez que hemos leído por ahí malos comentarios a alojamientos cuando, en lugares tropicales como Bali, es NORMALÍSIMO encontrarte fauna salvaje como Geckos, lagartijas, arañas enormes y otra clase de bichos. De hecho, hasta nos hemos encontrado hasta con serpientes (os lo contaremos en otra newsletter).

En resumen: se nos olvida que somos nosotros los que ocupamos su territorio y que no están ahí para hacernos daño. En Bali hay muchísimos arrozales y sí, hay ratas. Además… ¿Sabías que son sagradas para los balineses? Por tanto: NO pueden matarlas.

Y aquí el KIT de la cuestión: Si esto nos hubiera pasado antes de esta aventura que vivimos por el Sudeste asiático, seguramente nos lo hubiéramos tomado de otra forma. Quizás hubiésemos puesto una mala reseña, contando lo que habíamos pasado y prácticamente jodiendoles su trabajo.

Después de tanto trotar por lugares sencillísimos, entendemos que son cosas que pueden pasar y, solamente criticaríamos a un lugar si nos tratan deliberadamente mal. Pero… ¿Hundir el negocio familiar porque te has encontrado insectos u otros animales? No, gracias.

Por lo que nuestra moraleja y consejo viajero de la semana es:

Sé consciente de dónde vas a ir y ves abierto de mente a todo lo que te pueda pasar. Piensa bien antes de querer poner una mala reseña por cualquier cosa que te pase en tu viaje. Trata de ser comprensivo, entender y comprender dónde estás parad@. Porque quizás por un comentario en caliente, arruinas un negocio familiar que da de comer a 10 personas.

Por la amabilidad de la pareja del homestay y por lo hospitalarios que fueron con nosotros todos los días que nos quedamos allí, les dejamos una super reseña y dimos por olvidado el encuentro con nuestra “amiga”.

▶︎ El Homestay en cuestión se llama Jempiring Homestay. Podréis reservarlo barato en Agoda.com, donde además de pagar poco tendrás opción a Cashback (te devuelven dinero después de algunas reservas).

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